El accidente de un vehículo en la Sierra Tarahumara la madrugada del lunes pasado, no fue un incidente ordinario; Fue la fractura de un espejo que dejó al descubierto un pacto secreto para traicionar a la patria.
Si no hubiera sido por eso, seguiríamos ignorando que la CIA opera de manera ilegal en México, bajo el amparo de la prianista Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, y el embajador de EUA en México, Ronald Johonson.
El azar reveló una traición que ninguna narrativa oficial puede ocultar.
Campos quiso desviar la atención alegando que la Sedena “estaba al tanto” del operativo para desmantelar un megalaboratorio de drogas.
Pero omitió decir que los dos agentes de la CIA fallecidos operaban en la clandestinidad, disfrazados con uniformes de su policía estatal e iban embozados.
Con el rostro cubierto e insignias falsas, era imposible que el Ejército Mexicano los identificara: una estrategia de camuflaje diseñada para burlar la soberanía nacional y pasar desapercibidos.
El argumento de la fiscalía estatal de que solicitaron un “aventón” esos dos agentes, en una zona gélida y remota a la una de la mañana, pasó de lo risible a lo ridículo.
En la profundidad de la Sierra Madre no hay encuentros fortuitos. Lo que sí hay es contubernio e infiltración, porque el PRIAN le entregó uniformes y charolas estatales a una agencia con un historial negro en el mundo, para actuar a espaldas del Pacto Federal.
Esta actitud responde a la lógica entreguista de las y los militantes del PRIAN, quienes han dado muestras indignas de que no les tiembla la mano para vender a su patria.
Para ellos la soberanía es un “exagerado concepto desechable” -Vicente Fox, así lo declaró- frente a la urgencia de que les regresen sus privilegios.
Ingenuamente entregan el control territorial a intereses foráneos creyendo que podrán recuperar el poder que el pueblo les arrebató en las urnas.
Si era un operativo antidrogas, debía participar, en todo caso, la DEA o el FBI, ¿pero proteger a la CIA?
Nada menos que la agencia norteamericana que más crímenes, desestabilidad y golpes de Estado ha generado en el mundo es, sin duda, traición a la patria.
La postura de Claudia Sheinbaum fue quirúrgica. Primero lamentó el accidente, mandó el pésame a sus deudos, pero dejó clarísimo que se violó flagrantemente la soberanía, la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional, porque toda entidad está obligada a notificar y obtener la aval de la SRE y de la SSPC, para llevar a cabo cualquier actividad con gobiernos extranjeros.
Maru Campos, sin duda, incurrió en una grave violación a la soberanía nacional y debe responder al pueblo, dende reside la soberanía de una nación, que ha puesto en riesgo, quién sabe desde cuándo.
La respuesta de Washington fue cínica: la vocera de la Casa Blanca acusó a la Presidenta de insensibilidad por no ofrecer el pésame a las familias de sus infiltrados.
Una administración estadounidense que prefiere fabricar conflictos diplomáticos antes de reconocer una incursión ilegal en otro país.
No es coincidencia, es una alianza entre el conservadurismo local y la ultraderecha internacional que ve en la CIA una esperanza de desestabilización, tal como ha ocurrido históricamente en todos los países donde se ha infiltrado.
Omar García Harfuch recibió a la gobernadora Campos, quien tuvo el descaro de decir que ya informará de los hechos, pero no se fue sin que el jefe del Gabinete de Seguridad le recordara que violó la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.
Pero el viernes, al filo de la noche como para que nadie se enterara, Campos instaló una comisión dizque investigadora de la presencia de los agentes extranjeros. Vaya farsa de la prianista.
Es hora de que el Estado Mexicano aplique la ley al pie de la letra y le solicite al gobierno de Estados Unidos el retiro inmediato de sus agentes infiltrados y la remoción de su embajador Ronald Johonson, por violar nuestra soberanía.
Si hubiera sido al revés, Estados Unidos encarcela y enjuicia al culpable.
Pero también el Senado debe someter un juicio político a la gobernadora de Chihuahua, desaforarla y aplicar la sanción que corresponda.
Si esperamos a que EUA cometa un magnicidio, será demasiado tarde.
La soberanía no se negocia, se defiende frente a quienes la traicionan.
POR: VÍCTOR HUGO ROMO DE VIVAR GUERRA
@VROMOG
CAMARADA
