Raúl Romero*: Y el balón rodó…

Raúl Romero*: Y el balón rodó…

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Y el balón rodó…

10 dias

y junio, 17 horas. La gente comienza a aglutinarse a un costado del Tren Ligero Registro Federal en la Ciudad de México. Buscan sumarse a la movilización convocada por colectivos de familias buscadores de personas desaparecidas con motivo de la inauguración del Mundial de Futbol 2026. Al principio sólo periodistas están, personas solidarias e integrantes de organizaciones políticas o de derechos humanos, pero de a poco comienzan a llegar familias buscadoras que vienen de distintos estados del país y que se distinguen por sus camisetas y mantas estampadas con las fotos de sus familiares desaparecidos.

El miedo podía respirarse en el ambiente. A lo largo de los días anteriores se puso a andar una estrategia para inhibir la movilización. Se habló de “provocación”, de “golpe blando”, de “hacerle el juego a la derecha”. Los maestros y maestras de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que llevaban varios días manifestándose, fueron objeto de una infausta campaña de desprestigio y estigmatización. “Merecen la cárcel” dijo un periodista afín a los conservadores, mientras la progresión que en tiempos electorales prometió cuanto pudo a los maestros, ahora los denigraba. Con miles de policías, el gobierno de la CDMX impidió el paso a estudiantes normalistas y maestros que venían a sumarse a las protestas. El mensaje era claro: puertas abiertas para el turismo internacional que viene al Mundial, puertas cerradas para los empobrecidos y organizados del país.

Unas 5 mil personas lograron aglutinarse en torno al grito de ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! En su andar hacia el estadio Ciudad de México, se encontraron con grupos de civiles uniformados con chalecos blancos que hacían tareas de contención. Un manifestante exclamó: “¿Te cae que, en 10 de junio, traen a civiles uniformados con prendas blancas para contener la marcha? Qué perverso manejo de los símbolos”.

No sin contratiempos, hacia las 22 horas, la marcha llegó al perímetro denominado como la Última milla al que sólo puede entrar gente con boleto en días de partido. Miles de policías esperaban a las buscadoras para impedirles el paso. Frente al bloqueo, un pequeño grupo de madres buscadoras de Guanajuato y Jalisco deciden marchar por otro carril y burlar la seguridad. “Nos enfrentamos a los cárteles en nuestros estados, qué le vamos a tener miedo a la policía chilanga” dice una madre mientras avanza. Hay desesperación en sus palabras, la desesperación de quien lleva buscando por años a su hijo desaparecido. La jornada termina sin mayor contratiempo, con pronunciamientos, una misa y el ya emblemático Buscador de Axolotes animando a los contingentes.

Jueves 11 de junio, 8:30 horas. Miles de maestros avanzan hacia el estadio Ciudad de México. Van bien organizados, por secciones. Llevan días acampando en el Zócalo capitalino exigiendo lo que les prometieron cuando quienes hoy gobiernan estaban en campaña. No se les ve el cansancio de días sin dormir fuera de casa, por el contrario, van animados, con esa alegría tan particular de quienes son parte de la lucha. Sus consignas son muy pedagógicas, dicen lo que piden: “¡No queremos represión, queremos solución!”, “¡Auxilio, socorro, se llevan mis ahorros!”. De una bocina sale la voz de Claudia Sheinbaum con ese discurso que los docentes no olvidan: “¿Qué más vamos a hacer? Vamos a echar para atrás la ley de pensiones del 97 y del 2007, para recuperar las pensiones dignas, justas, de los trabajadores del Estado y de los afiliados al seguro social”. Luego, en la misma bocina suena la canción La Farsante en voz de Juan Gabriel: “Yo creí que eras buena. Yo que creí que eras sincera. Yo te di mi cariño. Resultaste traicionera”.

Disciplinados, los maestros y maestras llegarán hasta la Última milla sin confrontaciones. Mejor aún, un pequeño grupo identificado como “nacionalista de derecha” fue expulsado por distintos colectivos cuidando así la integridad y congruencia de la manifestación. Durante el resto del día, diversas manifestaciones se realizarían en diversos puntos de la ciudad y del país. Con partidos de fútbol en la calle, murales, música, danza y demás actividades, diversas organizaciones políticas se manifestaron, desde madres buscadoras hasta pueblos originarios pertenecientes al Congreso Nacional Indígena.

Por separado, dos grupos lograron burlar la seguridad y llegar hasta las inmediaciones del ex estadio Azteca; uno de familias buscadoras y otro de individualidades y colectividades diversas. Las primeras gritaron consignas y repartieron información. Los segundos protagonizaron un duro enfrentamiento con la policía que dejó a 12 personas detenidas.

El balón rodó, pero el campo sobre el que rueda está muy adolorido y el descontento se sigue acumulando. Este Mundial va a pasar. Este gobierno terminará, y todo el desprecio que sembraron contra los movimientos populares, para bien o para mal, tendrá consecuencias. Los pueblos no olvidan, ya deberían saberlo.

*sociólogo

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